El liderazgo cambia → importa cómo se piensa y se decide.

Si la inteligencia artificial elevó el estándar del liderazgo, también dejó en evidencia el agotamiento de los modelos tradicionales. En contextos de alta volatilidad, los estilos basados en certezas y expertise individual empiezan a mostrar sus límites

Hoy, los líderes que generan impacto sostenido no son quienes monopolizan el saber, sino quienes saben formular las preguntas que ordenan el pensamiento colectivo. Preguntas que incomodan, que abren conversaciones relevantes y que permiten pensar antes de actuar.

En la evaluación de líderes senior aparece un patrón cada vez más consistente: ejecutivos capaces de leer el contexto antes de intervenir, cuestionar supuestos propios y ajenos, integrar miradas diversas sin perder dirección y tomar decisiones aun cuando la información es incompleta.

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Este tipo de liderazgo no es blando ni indefinido. Es más exigente. Requiere madurez, autoconocimiento y criterio para ejercer poder sin refugiarse en la jerarquía ni en respuestas prefabricadas. Implica sostener la ambigüedad sin paralizarse y asumir decisiones que no tienen garantía de éxito.

En un mundo donde las respuestas están cada vez más disponibles, el verdadero diferencial está en la calidad de las preguntas que un líder es capaz de sostener. Preguntas que anticipan riesgos, habilitan innovación y evitan errores costosos.

Y si el liderazgo cambió, también debe cambiar la forma en que lo evaluamos y lo elegimos.

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